Sólo nosotros mismos determinamos nuestra felicidad y nuestro sufrimiento. Y si bien es innegable que no podemos forzar nuestro contexto, nuestras vivencias espontáneas o las innumerables casualidades (¿causalidades?) que nos ocurren, si podemos decidir en qué medida éstas nos afectarán.
Es decir, algo que suceda puede verse como irremediablemente malo, pero si aprendemos una lección, entonces hemos decidido tomar lo mejor de lo peor. Mas no hay que olvidar que este enfoque también funciona en sentido inverso. Las cosas buenas que nos suceden solemos simplemente disfrutarlas; y es cierto que no debemos mortificarnos preguntándonos si las merecemos o si son cosas que podemos permitirnos; lo que debemos cuestionar es cómo llegamos a ellas y con qué propósito.
Por comodidad, el ser humano tiende simplemente a quejarse o disfrutar, ajeno a las razones que le conducen a cada experiencia. Pero tampoco se trata de cuestionar todo y vivir bajo una perenne incertidumbre existencial. Desentrañar el camino recorrido no tiene otro propósito que conocer el destino.
Hemos preferido desde siempre limitarnos a ir con la corriente, condenando a los espíritus revolucionarios, aquellos que proponen ideas nuevas en aras de la evolución de una raza definida por su egoísmo.
No confundamos, no se trata de ideas innovadoras en la ciencia, el arte o ninguna otra disciplina particular del saber humano. Se trata de develar arquetipos, de señalar nuestra naturaleza, de desafiar los paradigmas del inconsciente colectivo.
Las religiones y las filosofías han surgido de hombres excepcionales que buscaban respuestas personales, y que en dicho afán procuraban que los demás también lo hicieran, mas no siguiendo sus pasos; quizás sólo tomándolos como referencias.
Pero hemos desvirtuado las ideas y nos volcamos a un insano culto a la personalidad. La mente humana le teme a su propio potencial y prefiere imitar antes que desafiar. Nuevamente nos enfrentamos a la esclavizante comodidad.
He aquí el reto de las mentes que buscamos trascender: olvidar todo lo aprehendido y enseñarnos a aprender.
Rakro