Dumbar
Jorge Dumbar, un joven corresponsal de unos treinta y tantos años, trabajaba para un reconocido periódico de su ciudad. Él se esforzaba mucho por obtener el reconocimiento que merecía, y en ser un buen esposo y padre. Tenía una vida exitosa, pero sentía que aún no alcanzaba algo realmente “admirable”. Quiso entonces tener una nueva experiencia en su trabajo, y postuló como participante para un reportaje especial en el extranjero. Fue seleccionado junto al resto del equipo y partirían en un par de días.
Al regresar a casa, su rostro tenía un no sé qué de jovialidad. Su esposa Ana, que era muy perceptiva como la mayoría de las mujeres, lo notó de inmediato y supuso que algo había ocurrido. Sin embargo, no quiso decirle nada hasta que él quisiera contarlo.
A la hora de la cena, Jorge le dijo a su familia con gran orgullo que iba a hacer un reportaje especial en el exterior; que pasaría algún tiempo fuera, pero que les recompensaría al volver. Su esposa quedó atónita, jamás se imaginó que su esposo se fuera de viaje así. Ella no dijo nada.
Después de la cena, los niños fueron a ver un poco de televisión mientras la esposa lavaba los platos. Dumbar se fue a la cocina y se puso a conversar con ella.
–No me has dicho nada de la noticia que les di.
–¿Es que tenía que decir algo? –, le dijo en tono de reproche. –No me consideraste antes de tomar la decisión, así que, ¿para qué necesitas una opinión ahora?
–Pensé que te alegrarías. ¡Vamos! Es una gran oportunidad, cumpliré mi sueño. Sabes cuánto adoro mi trabajo, esto me dará reconocimiento y experiencia.
La señora Dumbar trató de calmar sus ánimos, por una parte él tenía razón. Además cuánto podría tardar: una semana, quizás dos… No era una cosa como para alterarla tanto, entonces decidió preguntarle a su marido cuál sería la fecha de su regreso y la respuesta no le cayó muy bien porque él no sabía.
–Está bien, no sabes cuándo regresas, bien… Entonces dime de qué se trata el reportaje, ¿cuál es tu trabajo allí?–, y se quedó secando los platos.
Con gran emoción su marido le respondió:
–¡Seré corresponsal de guerra!
Aquella mujer sintió que se le iba el mundo. ¿Habría escuchado bien? ¿Su marido se iba a la guerra? Por el sobresalto dejó caer el plato que tenía en sus manos, y sonó un ruido estrépito cuando se hizo mil pedazos. Miró a su esposo aterrorizada, y él al verla dejó de sonreír.
–¡Tú no vas a ningún lado!–, le ordenó. –¡Dios! ¿Qué estás pensando? ¿Acaso se te olvida que tienes dos hijos? ¿Que en una de ésas te puede alcanzar una bala? No, tú no vas.
Una mujer siempre es protectora, y pues esto no se aplica solamente a los niños sino también al marido. Ella seguía con su mirada firme, si los pequeños hubieran estado presentes seguro temerían a aquella cara de ogro. Sin embargo, detrás de ese caparazón estaba asustada, le aterraba la idea de que algo le pudiera pasar a su esposo. Pensaba en las mil y una razones que decirle para obligarlo a desistir de la idea, pero cómo si aquel era su trabajo.
–Tú sabes que voy a ir porque es mi trabajo, si no voy lo perderé. ¿Quién mantendrá la casa?
–¿Y si te pasa algo? Ellos-, señalando en dirección a la sala, –se quedan sin papá. Te advierto si sales por esa puerta, no volverás a entrar. O tu trabajo o nosotros, tú decides.
–¿Ésta es tu forma de amarme, destruyendo mis sueños? Me parece que eres muy egoísta, sólo piensas en ti. He esperado una oportunidad de sobresalir y ahora que la tengo, en vez de ser comprensiva, eres la primera que se opone. ¿Crees que tu amor te da derecho a limitarme? No entiendo esa forma de amar, y te desconozco.
–¿Egoísta yo? ¿Sabes cuál es mi sueño? Mi primer sueño fue ser una profesional y ejercer. Luego cambió y se convirtió en mi familia, en hacer todo cuanto esté a mi alcance para que estén bien. Tú eres parte de mi sueño, y ahora vienes con que vas a exponer tu vida, y me lo dices con una sonrisa como si eso pudiera tranquilizarme y despreocuparme. Entonces dime tú: ¿Cuál sueño se está llevando por delante a cuál?
Esta pobre señora no era mala, ni siquiera buscaba truncar el sueño de su esposo a propósito, pero al estar en la situación de peligro, o posible peligro, actuaba como una fiera que resguarda lo que es suyo. El mayor problema reside en: ¿hasta dónde somos capaces de llegar para “proteger” a alguien amado? Tristemente a veces por sobreprotección terminamos destruyendo lo que queríamos preservar.
Fue terrible para él escuchar aquello, si ella sabía que lo que más adoraba en el mundo era precisamente su familia y su trabajo, ¿por qué le estaba haciendo eso? ¿Por qué ya no era la mujer comprensiva? ¿Por qué no le apoyaba si siempre lo había hecho? Estaba bastante decepcionado. Entonces llegó a este dilema: ¿Qué pasa cuando la felicidad de una mitad de tu ser resulta ser la infelicidad de la otra?
Por esa noche no discutieron más sobre el asunto.
Al día siguiente, la señora Dumbar llamó a su hermana mayor para conversar sobre Jorge, esto alertó a la otra mujer pues cuando le llamaba Jorge era porque estaba molesta o era algo serio. Terminaron encontrándose por la tarde. Ana le contó todo lo acontecido, y le pidió algún consejo puesto que no sabía qué hacer.
–Mi querida hermana, el ponerle contra la espada y la pared no te ha beneficiado en nada, de hecho sólo le has decepcionado. Mira, tu sueño se ha cumplido: tu familia, pero él aún no alcanza el suyo. Si decide no seguir su sueño, en algún punto del camino comenzará a reprocharse a sí mismo, y se convertirá en un ser frustrado puesto que tuvo la oportunidad y la dejó ir. Si no le permites ser, ya no será él. El Amor Verdadero nunca te impide realizar tus sueños, si lo amas sabrás entenderlo.
–Es que yo lo entiendo, pero temo por él–, decía entre sollozos.
Llegó el momento, Dumbar tenía todo listo para partir. Por un segundo dudó de aquel viaje, y pensó que quizás debería quedarse allí. Luego en un acto de coraje colocó sus pertenencias en el auto. Se despidió de los niños, y miró a su esposa. Ella le acarició el rostro, y sólo le dijo con una sonrisa:
–Vuelve a mí.
Su reacción tan tranquila causó sorpresa y alegría en él.
–Volveré, no te preocupes. Además, no estaremos lejos pues yo siempre los llevo conmigo–, y señala su corazón con la mano. Le dio un gran abrazo y un beso en los labios.
Jorge fue corresponsal de guerra algún tiempo. De todas esas experiencias, muchas fueron marcadas con tinta indeleble en su memoria. También llevó algunas pequeñas libretas en forma de diarios donde relataba vivencias que posteriormente darían origen a un libro.
Una noche yacía escribiendo muy tarde, Ana lo fue a buscar rogándole irse a dormir, pero él le respondió:
–Ya casi termino, estoy escribiendo sobre un día que hablé con un soldado herido, me decía que extrañaba mucho a su familia, y hablé con una niña de seis años que…
–Amor, sé que te entusiasma lo del libro, pero ya ven a dormir. Deja Las Crónicas de Dumbar descansar y mañana las continúas.
Él le sonrió. Dejó todo para irse a descansar, pero estaba muy contento porque su esposa le había dado lo que le faltaba: el título.
–¿Sabes? Un día como hoy te vi en una estrella, y ella me dijo: El Amor Verdadero nunca te impide realizar tus sueños. Yo también pienso que es así…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
012.Dumbar.Colección Mi respuesta.Waldylei Yépez.docx
24/01/2007 10:11 a.m.